Por Vec.
Fascinado por la primera ronda de esta temporada que viví
semanas atrás, no podía esperar para aventurarme otra vez, dentro de este anecdótico
placer que se llama Micro Teatro, “Por Locura.”
De Norma Ramírez. Estamos al interior de un particular consultorio,
enraizado en un campo en el que pastan vacas y deambulan conejos, en donde todo
parece ordenado y apacible. Hay un nuevo psicólogo en la clínica, entra
revisando unos documentos. Entonces aparece una mujer algo extravagante,
vestida de saco y pijama, con orejas y cola de conejo. Ofrece los buenos días,
el desconcierto del doctor no se hace esperar. Ella se presenta como La Vaca
Conejo, le informa algunas de las dinámicas de la clínica. Y le dice que ella
antes de estar internada, era médico del lugar. Él tiene que hacer una llamada
para entonces también corroborar, que dicha mujer, lleva clínicamente su propio
caso. Ella lo entiende todo, él no. Ella parece loca, él no. Él pertenece a un
mundo articulado que se rige por dogmas, pero a menudo las apariencias engañan
y nada es como te lo contaron, ¿cierto? Entonces ambos personajes abren las
puertas a la metáfora y sus signos, nada pasa por casualidad, todo sigue su
curso y desemboca: Una vida sin significantes y apegada a las estructuras, no
habla de libertad. Sino de masoquismo. La civilización tiene sus trampas, es
experta en generar válvulas de escape como mentiras. La cordura también es un
lazo que puede asfixiar. Por amor y por locura, es que el ser humano es capaz
de resignificar y reinventar cada trozo, de su ciclo vital. Jorge Aranda, en el personaje del
doctor, se muestra estructurado y frágil, a ratos testarudo; su mente
organizada por la ciencia no logra comprender el discurso de La Vaca Conejo,
interpretada con cinismo, gracia y empatía, por Sheyla Ferrera. Juntos logran tocar al espectador y generar la
magia de que en tan sólo quince minutos, tengamos la sensación de despegar los
pies del piso hacia un mundo donde la poética de lo intangible, se torna
trascendental. Dirige Roberto Cavazos,
una comedia ágil, trascendente y muy simpática. Deja de lado lo cursi que
podría llegar a ser parte del discurso (mal enfocado), y aborda con cierta
ironía el desamor. Recargándose en un texto lúdico con varios rasgos de
profundidad. Si te gusta “Media Noche en
París”, es del tipo de cosas que te pueden enloquecer.
De Alberto García Martín. Un intruso, un camerino, la astucia de saber
involucrarse en donde no le llaman. De entre las penumbras, emerge un tipo
delgado y nervioso. Observa con fascinación cada uno de los elementos, se permite
imaginar con ellos. Pero al verse en el espejo, todo se trastorna, pues no se
ve a sí mismo; Observa en su mirada, la fisura de su propia realidad. Encallado
de frente al risco, busca una salida, entonces alguien se acerca. El aparente
intruso, se esconde detrás del rack de ropa del artista que estamos a unos
segundos de conocer. Él abre la puerta, viene del escenario, terminó el show de
la noche. Los primeros minutos, después de dar una función, es un estado muy
particular de estar, en el que se requiere de unos segundos para aterrizar. Un
hombre con aspecto gitano, recargado en tonos rojos, con el cabello suelto y el
sudor a flor de piel, parece estar en dicho aterrizaje. Se deja caer en la
silla, exhausto. Su intuición le dicta que algo no anda bien, voltea al rack y
descubre al individuo. El diálogo se torna ridículo, en momentos como estos, no
hay nada que explicar. Entonces el intruso saca una pistola. Descubrimos que el
artista es un cómico, el colmo de todo comediante es ser protagonista de su propia
tragedia. Pero el colmo de la locura, es creer que las fijaciones, son reales y
que alguien escribe sobre ti con obsesiva pasión. Rodrigo Magaña, hace del individuo un personaje memorable. Un
trabajo intenso y contenido, anudado por las inconmensurables manías físicas,
que un personaje así puede desarrollar. Leonardo
Albarrán, es el comediante, en dicho personaje se notan las distintas
facetas del desconcierto. Logrando momentos íntimos y potentes. La dirección es
de Aleyda Gallardo, un trabajo notable,
pulcro y compuesto por la poética suficiente para tocar fibras sensibles con un
texto que deja la puerta abierta a múltiples correlaciones, circunstanciales o
no. Una producción solvente y seria de, Ana
Kupfer. Alterna David Ponce.
Definitivo, tienes que verla, ya después recobrarás el aliento.
De Felipe Villareal. Los espacios en blanco, conducen a tú imaginación
a una especie de nuevo balance en donde la percepción sufre un reset y/o
reacomodo. Una mujer enfundada en un sexy vestido rojo, inunda la escena,
pareciera estar en catatonia, ¿un ensueño tal vez? Entonces tocan la puerta. La
conjetura se desvanece, se abren algunas más. Es un hombre, inmediatamente
apuntamos que se trata de su ex. Él, al verla vestida así construye un sinfín
de posibilidades y desenfrenos en su cabeza; recibir la enigmática llamada de urgencia,
por parte de tu ex, en la madrugada, ¿qué otra cosa podría ser?... Pero no, su
presencia fue requerida por otra situación: El ligue de la noche anterior de
ella, yace desfallecido en la recamara,
hubo un pequeño accidente en la presumible noche de pasión y lo supone muerto. Requiere
de ayuda para deshacerse del cuerpo y/o salir del embrollo. Para él la información
no es fácil de digerir, claramente se siente ofendido y su primer impulso, es llamar
a la policía. Pero después de meditarlo ofrece su ayuda a cambio de un trato
más seductor. Mismo que la ex novia, no titubea en rechazar. Lo bueno es que él
muertito, traía su bolsita de coca en la cartera y ella encuentra una salida fácil
para negociar, sin dar nada a cambio. Entonces una serie de circunstancias
locas y absurdas, ocurren. Lo que sucedería normalmente si pretendes clarificar
la mente con drogas, enfundado en circunstancias extremas.
Cynthia Hernández e Ignacio
Tapia, componen la mancuerna de desquiciados, polarizados y dependientes,
ex novios. Que a través de su psicosis dentro de la cocina, nos enganchan en un
juego sin ansiolíticos, ni trinchera. Con el único fundamento de librarse de la
responsabilidad de un muerto, pero, y si, ¿el muerto no está del todo muerto?
¡Ven a dilatar la pupila, el viaje es contundente y fugaz! Alternan funciones, Moramay
Ovalle y Luis Rosales.
De Carlos Mugica. Una obra ante todo humana, sutil, potente, encallada
en la desaparición como puerto de inmovilidad; Una pareja, una hija perdida, el
recuerdo constante rebasando la línea de lo real. Pero el discurso de lo “real”
resulta abrumador: Suministrar medicamentos y somníferos para generar una nueva
perspectiva de vida, una más estructurada, sin pérdidas aparentes. Es la
solución diagnosticada para ella, alejarla de todo aquello que le separe de su
esencia, para ausentarla no sólo de sus recuerdos, sino del tiempo presente.
Él, un pilar, la aparente ecuanimidad que ayuda a echar raíces, un puente reconstruido
con convicción. Su sufrimiento, se doblega ante la responsabilidad de ser el
fuerte. Pero la crueldad de la pérdida es
un fantasma que ata al más profundo de los infiernos, y toma desprevenido y
solo (a.) Mientras tanto el corazón permanece siendo un enigma, aún en
dicotomía; recuerda los signos y sólo busca continuar con su labor: La vida. Como la sangre de
los desaparecidos, en silencio, echa raíz.
Patricia
Gallo, interpreta con sentido y verdad a la madre (Vivi.) Buscando su
fuerza histriónica, en los silencios y la contención. Jorge Chávez (Tavo), es el esposo, el padre doliente, el ser que
guarda toda su frustración hasta que logra espejearse en ella. Entonces el
fuerte se rompe, como olas en la piedra, en su propia desesperación. Jorge
logra matices interesantes con un personaje movido prioritariamente, por amor. Carlos Mugica, escribe, dirige y pone
su alma como en un blues (lamento.) Poco a poco se aleja del melodrama de la
premisa, apostando escénicamente por la
inmovilidad y un tono contenido que permite el oleaje de sensaciones y
emociones profundas. Dándole vuelta a la interpretación de la tragedia, para
evitar lugares comunes y generar sentimientos, en común. Inúndate en esta
fragilidad y humaniza tus sentidos. Alternan, Paula Serrano y Cristian Magaloni. Experiencia Fantástica. *****
EXPERIENCIOMETRO:
Termómetro exponencial
***** Experiencia fantástica.
**** Experiencia única.
*** Experiencia satisfactoria.
** Experiencia rescatable.
* Experiencia reciclable.
(Un sistema de medición que ayudará a establecer nuestro propio parámetro, en sinergia directa con el espectador. Es un esfuerzo también, por aportar y cuidar al artista.)




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